Laderas del Pichincha, el reto natural de Quito

Fuente: Secretaría de Comunicación | 2011-05-09 | 01:39:38 PM
Laderas del Pichincha
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Laderas del Pichincha
Presa de retención Quebrada de Rumipamba
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Presa de retención Quebrada de Rumipamba
Ensamble Quebrada Atucucho
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Ensamble Quebrada Atucucho
La Chorrera
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La Chorrera
Presa de retención Quebrada Rumihurco
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Presa de retención Quebrada Rumihurco
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La protección de las laderas del Pichincha es uno de los más importantes retos que figura en los planes del Municipio Metropolitano de Quito y que comprende obras que se ejecutan desde hace varios años con el fin de precautelar la seguridad de los habitantes del sector bajo de la ciudad.

A propósito del reciente episodio de deslizamiento de tierra sobre el cauce de la quebrada Caicedo y su desbordamiento en la zona del noroccidente de la ciudad, el alcalde Augusto Barrera dijo que las obras de defensa construidas sirvieron para que los daños no hayan sido más severos.

Las laderas del Pichincha constituyen una zona que siempre ha estado supeditada a los riesgos naturales, con aluviones e inundaciones que han afectado en mayor o menor grado a los habitantes de la urbe.

El 26 de febrero de 1975 se precipitó un aluvión por la avenida La Gasca, con un saldo de dos muertos, cinco heridos, medio centenar de vehículos destruidos y un sinnúmero de casas afectadas. La avalancha recorrió 20 cuadras y llegó hasta la Av. 10 de Agosto y parte de La Mariscal.

El 4 de enero de 1983 la crudeza de la estación invernal produjo un aluvión de gigantescas proporciones que se deslizó por las laderas del Pichincha, en la zona noroccidental, debido al agua acumulada en cuatro quebradas.
 
Fueron afectados los barrios San Carlos, El Condado, Parcayacu e incluso Cotocollao. Murieron tres personas y hubo innumerables damnificados, en su mayoría familias de escasos recursos.

El 30 de abril de 1983 se produjo otro aluvión que afectó la misma zona, bloqueó la avenida Occidental con lodo e inundó parte del aeropuerto, con 40 cm de lodo en la pista.

El 23 de enero de 1986 se produjo un aluvión en la Quebrada La Raya, al sur de la ciudad. Afectó a la urbanización Santiago, en la Av. Vencedores de Pichincha. Ocurrió tras una fuerte lluvia con granizo en la loma Ungüi.

Son unos pocos ejemplos de los múltiples problemas ocasionados por causas naturales y por la intervención de los humanos, al no haber respetado los límites urbanos para seguir edificando viviendas en las faldas del Pichincha.

De la necesidad de hacer frente a esta problemática nació el Plan de Manejo de las Laderas del Pichincha, orientado a preservar el entorno natural en ese sector de la ciudad, que va desde el cerro Casitagua, en San Antonio de Pichincha, en el norte, hasta el límite con el cantón Mejía, por el sur, en una extensión de 40 kilómetros, con una franja de aproximadamente 500 metros de ancho.

En total, son 53 quebradas las que bajan por las faldas del Pichincha, muchas de las cuales han sido encauzadas y forman parte del sistema de colectores que ha construido la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (EPMAPS).

El actual gerente de la mencionada Empresa, Othón Zevallos, trabajó en 1995 en el Programa de Manejo de Laderas, y recuerda que los problemas eran la ocupación desordenada, la acumulación de basuras y escombros, el taponamiento y relleno de los drenajes naturales, etc.

El Programa, que se inició con un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo, comprendía una serie de obras de ingeniería y acciones para controlar la ocupación urbana y resolver el riesgo de los eventos que se presentaban, sobre todo en la estación invernal.

Entonces se construyeron diques de lodo, presas y reservorios de regulación, como en Rumihurco y Atucucho; un reservorio en El Bosque, un túnel de descarga en la quebrada La Pulida: una presa de azolve en la quebrada Singuna; una presa de retención en la quebrada Rumipamba;

Posteriormente, como parte del programa de saneamiento ambiental Fase I, se produjeron intervenciones integrales en laderas y quebradas del centro de la ciudad.

Con este fin, desde el año 2000 se renovó el sistema de colectores del Centro Histórico y se recuperaron ambientalmente las quebradas de El Tejar, Cebollar, San Juan y Jerusalén. La serie de monumentos históricos quedó asegurada de esta manera.

A partir de 2008, con la ejecución de la fase II del Programa de Saneamiento Ambiental, se inició la intervención en las laderas y quebradas del sur de la ciudad, hasta el límite del distrito en las faldas del Atacazo.

Muchas de las 53 quebradas son totalmente desconocidas pero forman parte de la geografía del Distrito y fueron rellenadas con el objetivo de dar paso a la creación de nuevos barrios como Chimbacalle y La Magdalena, al sur del Panecillo, y La Mariscal Sucre, al norte.

Ahora, como lo anunció el alcalde Barrera, se emprenderá en una nueva fase del programa, el cual consistirá en la prohibición para construir en toda el área protegida. “De ser necesario –lo dijo en una rueda de prensa- se cercará toda la zona para impedir que se continúe la tala de árboles y la ocupación del suelo que a la postre ocasiona los problemas que ha vivido la ciudad”.
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